A LAS NOCTURNAS MEDIAS NARANJAS

He perdido la guerra buscando la paz,
he escrito la mejor canción de amor
sin tener amor y sin saber cantar.
He repetido tanto esta vida
que su muerte me parecerá feliz.
El relámpago me retrata con su cicatriz
y vuelvo a ser un hijo de la noche
rectando entre rocíos como una lombriz.
Mi madre es un pegaso brillante,
una ladrona de guante blanco
que tantas lunas bebió de mi vaso
sin decirme que por eso brillaba tanto.
He eyaculado en el vestido del ocaso
y busco en el cielo la estrella que me accidentó.
Entre culebras y ratones, borrachos y lagartos,
las polillas son los ojos de la noche
y mis ojos serán la lluvia de tu ventana.
Hoy es el día de dejarlo todo a medias
sin medias naranjas ni uñas que desgarren medias.
Hoy es el día de dejarlo todo a medias,
como este corazón incomplementado
que en el asfalto se desangró por completo.
Plantarán en su honor flores de plancton,
y diganle a estos medios vivos
que nunca existieron la medias naranjas,
nunca tuve la culpa si la noche , como a mí,
les atracó la parte feliz del corazón por completo.

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METAMORFOSIS DE UNA LÁGRIMA

Arrecifes de estrellas
pueblan este cielo marino,
la noche me embriaga el sueño
con el perfume de las gardenias.

No reconozco estas pupilas
donde otro ve a través de ellas,
ni este esqueleto fosforescente
que baila y abre los ojos de la luna.

Quise ser ángel sin cabellos rubios
pero ni puder ser una simple mosca.
¿Cómo voy a ser un pájaro?
Le devolví las alas a Ícaro.

Una pluma cae en mi mejilla
y se lleva mi lágrima sin permiso.
Más tarde la pluma se hizo ala
y mi lágrima un pájaro transparente.

El oído enmudece su oído cuando lloramos

Los niños que dormían la siesta
bajo la sombra del viejo árbol,
han envejecido brutalmente
y el árbol les ofrece la sombra
haciéndoles recordar toda niñez.

Dos adolescentes se enamoran
para después huir sin recursos,
donde la orquesta familiar no interrumpa
sus sueños de ser libres aunque el pobre
oído enmudezca su oído cuando lloramos.

Los caracoles abandonan el hogar
con la lentitud de la pluma al caer,
y las vidas se descalzan y caminan
en las finas telarañas que se rompen
cuando el mundo nos bosteza su melancolía.

Oda al pato Lucas

Me enredo con la niebla amigable
El perro ladra a otro perro muerto
Me rasco la penumbra boquiabierto
De niño era más feliz y adorable.

Busco piso en la nube alquilable
Con jardín y sin un Cupido tuerto
Marchitados espejos de mi huerto
La aurora no es una tierra habitable.

Cae una hoja, el pozo es mi zapato
Caigo en mi sombra, abismos de lutos
Pasos en falso, sigilo de gato.

Tallan en árboles amores difuntos 
Mi infancia la tiene Lucas el pato
De mi mano a los dos los tengo juntos.

Año nuevo

El cementerio está derruido
como el eco de la campana rota,
y los cráneos están atravesados
por los fantasmas de los árboles.

El cielo tose las cenizas que esparcieron
los seres queridos de las estrellas,
y la tierra saca afuera los huesos
del enterrador con alas de murciélago.

¿Quién despertó a los esqueletos
con el silbido seco del portón oxidado?
¿Quién vino a pisar la hojarasca de clavos?

Fue la brisa del año nuevo,
lamiendo las llamas de las velas
que tiemblan con sigilo.

Ni con siete vidas

No volverá a repetirse mi vida
tranquila con su insignificancia.
Esta vida de voces a solas
con las que nadie habla,
esta voz que imita otra voz
para haber si así se consuela.

Mis cabellos respiran suavemente,
se camuflan entre las hiedras
que amortajan el castillo de las nubes.
Me despojo de mí para todos
pero amo el calor de mi familia.

Pasan los segundos que no vuelven,
ni ese gato negro del tejado va a volver
sin antes convertirse en una escalera;
por donde yo pase con mis siete vidas.

Mis sietes vidas de siete tréboles
que me han dado la mala suerte
de no ser un gato, o una escalera.

Para volver a mi vida que se va
a través de las interminables
escaleras de la memoria.

No volverá a repetirse mi vida
tranquila con su insignificancia,
ni el gato cuando agote
sus siete vidas de ventaja.