Recodos de recuerdos

Devuélveme la margarita
marchitada en los recodos
de tu cabello boreal.
Devuélveme los rastros
de las yemas de mis dedos,
extraviados en ti como yo sin ti.

Sentí cada látigo de tu vaivén,
bebí cada latido sin querer
de tus venas verdes
como el musgo del pozo,
que nace de mis manos
porque ya no te toco.

Ya no como la primera vez,
ya no como siempre,
ya no como antes,
antes el antes no tenía tanto valor.

Te pienso de manera fugaz,
pasan las horas mojadas de soledad.
Aún guardo un poco de nosotros.
¿Me piensas? Quizá, no sé.

¿Y si te toco sin tenerte,
si no te tengo como me sostengo?
Me miento a mí mismo
pensando que aún sigues aquí,
pero sólo tú sabes que no es verdad.

¿Y si te toco sin tenerte?
Aunque sea la vaga fragancia
de nuestros besos devorados
que me traen los atardeceres malditos.

¿Y si te toco sin tenerte?
Aunque sea el lejano brillo de esperanza
asemejado al túnel de tus ojos.
Túnel de otoño, estrecho e infinito,
que me mata como costumbre mortuorio
en la fina claustrofobia de no tenerte.

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Arrecife

Sus lunares de ángel
Eran luciérnagas de plancton,
Que mi boca de ballena
Besaba sin cesar ni retorno.
Aprendí a respirar bajo el agua,
Cambie mis pulmones por branquias.
Dejé mi cuerpo desnudo,
Inmune a las medusas y sus caricias.
Espero de noche en el arrecife,
A que su fantasma de mar
Devuelva a mi corazón
Sus cosquillas de sirena.