Nombres envejecidos

Sabemos la existencia de la lluvia,
pero en el desierto del corazón
las lágrimas construyen los oasis.
No conocemos todavía a la muerte
que sigilosamente llegará
envolviéndonos con su telaraña.
Quién me devuelve cada año que pasa,
si cada invierno nuevo llega envejecido:
como las rocas, las montañas y las nubes.
Quién me devolverá cada beso que di,
si los labios que encuentro sólo dicen adiós.
La tierra se nutre de nosotros mismos,
porque donde antes hubo un cementario,
ahora es un bosque verde que calla nombres
y sólo la niebla es capaz de pronunciarlos.

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