Contigo comparto

El bosque que bosteza
libre y se convierte en eco.
Mi pulmón izquierdo,
y así respiramos a medias.
Mi tumba si acaso
antes que tú muero,
y asi decir que
ni la muerte nos separó.

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El tamaño de un insecto

Si tuviera el tamaño de un insecto:

Viajaría en una carta
en botella, y escalaría
tus dos montañas,
hasta sumergirme
en tu Monte de Venus.

Me bañaría en alguna
petrolera de algún
bolígrafo degollado,
para escribirte un
poema con mis manos.
Vería el amanecer en
la comisura de tus labios.

Si tuviera el tamaño de un insecto:

Construiría nuestra casa
en las ramas de un bonsái,
y tu lago favorito sería
un charco de lluvia.

 

Sentados en este banco

En la oscuridad
de mis pensamientos
florece el campo,
y brotan las flores
de este árbol solitario.

Se resplandece el color
miel de tus ojos
que yacen míos,
en estas horas
cercanas al crepúsculo.

Sentados en este banco
lejos de la ciudad,
sólo la inmensidad
del firmamento
inmortaliza
cada verbo,
cada carcajada,
cada beso nuestro.

Refugio

No ha sido fácil conjugar
y aguantar el tiempo
que pasamos sin vernos.

No ha sido fácil hallar
la claridad donde
todo culmina.

Camino sin prisas,
recordándote en
fotos que te hice
con la memoria.

El invierno me invita
en su refugio, mientras
espero a que bajes al portal.

Para pasear ahora
que pronto anochece,
para acabar oliendo a ti.

Olvida el
cansancio
de la rutina,
huyamos del
tumulto de
penas y codicias.

Volveré a casa
extrañándote,
con ese beso
oculto por tu pelo,
y veré cómo te
vas fundiendo
entre la brisa
de los árboles.

Impulsos

Mi voz se queda en el aire,
la penumbra talla la imagen
de esta sombra que me observa.
Me observa con tristeza,
con regocijo por mis impulsos.

Quiero llorar pero no me deja,
no quiero llorar más de verdad.
Quiero gestos de amor, no de rabia.
Escalar las piedras de este muro
que devora mis palabras.

Deja de mirarme sombra,
desde ese rincón donde estoy.
Dame la ternura que necesito,
aunque tu forma de mirarme
sea el reflejo de una ciudad dormida.