EL ÁRBOL DEL CRÁNEO

El árbol del cráneo
se llena de flores,
embriagadas de blancura
sin ciencia ni logaritmo.
Un pensamiento barre
pétalos resecos por la ira,
y si una ilusión florece en él;
el otoño soltará a sus hijas
que buscarán doradas ilusiones
con que adornar sus diademas.
Diademas con ilusiones
a las cuales les floreceran espinas,
y así revienten el pus, el polen
y estornuden toda la miseria,
al agitar mediante ese estornudo
el vaciado árbol de sus cráneos.

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ELEGÍA A LOS SAUCES LLORONES

Bebo el amargo té
de la sangre amarilla,
cual sauce soy mi sed
despeinado y diabólico.

A veces escarbo y bebo
el agua en el desagüe
de las nubes más ancianas,
el vinagre, la orina de Dios.

Hormigas en mí habitan.
Cuervos juegan, lamen mis ojos
y vomitan de tan ácida lágrima.

¿Piojos y liendres qué queréis?
Debo al viento su mano de lluvia,
pido no más penas sino el peine del río.

LA MEMORIA DE LA MATERIA

De la pluma nace el pájaro,
de la pata amputada
nace la estrella de mar,
de mis dedos mis manos
de mis dedos mis pies
de mis piernas mi torso
y así hasta acabar en un pelo.
El pájaro suelta su última pluma
y se incendia en los labios del aire,
la estrella de mar está repartida
en distintos mares y océanos,
y de mi calavera crece el último pelo
y de ese pelo nace otra cabeza
con mis cejas, mis ojos, mi boca,
mi cuello, mi torso, mis piernas
y así hasta acabar de formarse
los últimos dedos de mis pies.
Soy totalmente asemejado
al yo que cada segundo se extingue,
en abismos blancos que agujerean
la olvidada memoria de la materia.

PIEDRA BLANCA

Estamos envejeciendo
con las venas abiertas.
Quise decir ventanas abiertas,
ventanas que baten sus alas
en busca otras ventanas,
que vuelven tiritando del frío
porque ellas son ciegas para el amor.
Gotea en nuestra sien
la sangre de los relojes,
y la sombra de un niño
nos alerta de la nostalgia.
Entra y abre nuestros cajones
del cuerpo frío, empalidecido,
y busca la última piedra
que lanzamos de niños.
Llora la piedra blanca,
llora el niño en la ventana.
El granizo negro
de la melancolía
cae en un pañuelo.
Tan blanco estoy de decir adiós
tantas veces esa piedra
me golpeó en la memoria.

ABEJA ÓPALO

Veo en la pared la sombra
de la botella de vidrio,
y dentro zumba una abeja de vidrio,
musicalizando con el aire
una música que hace bailar
a los crisantemos de mis tímpanos.

La abeja ópalo conoce la miel
del capullo de las rosas,
el mismo capullo de mi cadáver
que suelta un olor a sabana limpia.

El sol alarga la sombra de la botella,
la abeja enciende su exoesqueleto.
Atardece dentro de mi cadáver
y la abeja sale de mi garganta
llevandose la luz de los vidrios.

¿No te dije que yo era la botella
que miraba su interior con su sombra?
Gracias sol, adiós abeja,
devuélveme el néctar
que robaste de mis vacíos.

A LAS NOCTURNAS MEDIAS NARANJAS

He perdido la guerra buscando la paz,
he escrito la mejor canción de amor
sin tener amor y sin saber cantar.
He repetido tanto esta vida
que su muerte me parecerá feliz.
El relámpago me retrata con su cicatriz
y vuelvo a ser un hijo de la noche
rectando entre rocíos como una lombriz.
Mi madre es un pegaso brillante,
una ladrona de guante blanco
que tantas lunas bebió de mi vaso
sin decirme que por eso brillaba tanto.
He eyaculado en el vestido del ocaso
y busco en el cielo la estrella que me accidentó.
Entre culebras y ratones, borrachos y lagartos,
las polillas son los ojos de la noche
y mis ojos serán la lluvia de tu ventana.
Hoy es el día de dejarlo todo a medias
sin medias naranjas ni uñas que desgarren medias.
Hoy es el día de dejarlo todo a medias,
como este corazón incomplementado
que en el asfalto se desangró por completo.
Plantarán en su honor flores de plancton,
y diganle a estos medios vivos
que nunca existieron la medias naranjas,
nunca tuve la culpa si la noche , como a mí,
les atracó la parte feliz del corazón por completo.